sábado, septiembre 30, 2006

El barco y el puerto


A lo largo de mi vida he navegado sin rumbo, sin brújula y merced a los vientos. A veces no encontré lo que buscaba. Otras veces no busqué lo que encontraba. Caprichoso era el destino, y cada día sentía una aciaga incertidumbre en mi alma, un sentimiento de creer que todo escapaba a mi control, como una pluma volteada por el viento, o arrastrada por la corriente de un río.

Pero a lo largo de esta vida he comprendido que nada ocurre por azar, que la casualidad no existe, que la suerte no existe. Todo tiene una relación, y que todo lo que ocurre tiene una causa, aunque no llegue a conocerla ni a entenderla.

Quien espera sin hacer nada en la vida, no debe quejarse de lo que ocurra, porque con su pasividad así lo está permitiendo.

En nuestras manos está el poder de actuar y cambiar muchas cosas. Y aquellas cosas que no podemos cambiar, por lo menos aceptarlas como vienen y mejorar nuestra vida aprendiendo de ellas y preparándose para su regreso.

Cada día me levanto sin dudar de todo aquello que me ha ocurrido, porque, en el fondo, yo soy actor de ese escenario, y mi papel tiene sentido en el lugar y en el momento, aunque yo mismo no lo sepa. No trato de comprenderlo ni de perder el tiempo estrellándome contra ese invisible muro que no puedo derribar. Por el contrario, acepto mi lugar, mi situación, las circunstancias. Me adapto y procuro, con ánimo en mi alma, seguir adelante gracias a esa situación, porque todo, aunque no lo creas y esté contra ti, en realidad te está ayudando y haciéndote un favor, y esas limitaciones te ayudarán a superarte a ti mismo. Cada problema, aunque no lo creas, es un reto, una oportunidad, una caja negra que no debes temer, porque dentro siempre hay un gran tesoro: un tesoro que no es material, si no espiritual. Un tesoro que requiere un poco de sacrificio y de voluntad por tu parte. Un tesoro solamente accesible para aquellos que se atreven a aceptar el reto, por aciagas, infames y ruines sean las circunstancias.

Mi barco tiene una brújula, y tiene un rumbo. Navego hacia mi destino, sin preocuparme del tiempo ni de los acontecimientos. Cuando algo ocurre, cuando la brújula deja de funcionar, cuando el tiempo me depara tempestades, no me paro a pensar "por qué" ni "cómo", y aún menos "si hubiera". Cojo el timón de mi barco y llevo el barco fuera de los acantilados en busca de un puerto cercano. Puede que no sea el destino que había programado o buscado, pero sí es el destino que tengo a mi alcance. Mañana, una vez que los rayos del sol entre por la ventana de mi camarote, veré cuán lejos me he alejado y volveré alegremente a poner rumbo hacia mi destino.

Rafael Hernampérez

La frase del día

Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad. Película Gladiator

Mi frase

Un libro hermoso, a menudo, suele estar vacío de contenido y de interés, mientras que, por el contrario, un libro feo y poco atractivo, suele contener grandes y sabias historias. Así como los libros somos los hombres. Rafael Hernampérez

El rico de Estambul

He aquí un cuento sufí (un poco actualizado) que da un importante consejo.

Había una vez un hombre muy rico en Estambul que un año decidió monopolizar todo el arroz del mercado. Una vez que los granjeros hubieron terminado su cosecha, envió a sus sirvientes a las puertas de la ciudad. Allí compraron el arroz de los campesinos y lo transportaron a los almacenes que había alquilado su señor. Ni un grano de la cosecha de arroz de aquel año consiguió llegar al mercado. El hombre rico se imaginaba que podría ganar una fortuna con su monopolio.

Una vez guardado todo el arroz, nuestro hombre decidió visitar los almacenes. El grano era almacenado de acuerdo con su tipo y calidad. El más refinado se guardaba en una esquina de la última nave. Esta era la mejor variedad, había sido plantada en el mejor suelo y había recibido la cantidad óptima de sol y de agua. Cuando el hombre vio este arroz, cuyos granos eran dos veces más grandes que los normales, decidió llevarse algunos a casa para la cena.

Aquella noche, su cocinero le agasajó con un plato de aquel arroz maravilloso, excelentemente cocinado con mantequilla y especias. Pero nada más tomar la primera cucharada, el arroz se le atascó en la garganta. No podía ni tragarlo ni escupirlo. Probaron a extraerlo de mil modos, pero todo fue en vano.

Finalmente, llamaron al médico de la familia, El doctor hurgó y empujó todo lo que pudo, pero no consiguió desatascar el arroz. Al fin, dijo:

-Me temo que hará falta una traqueotomía. Es una operación simple. Le cortaremos la garganta y sacaremos el arroz directamente.

Al hombre le espantaba la idea de que le cortaran la garganta, así que decidió consultar a un otorrinolaringólogo. Desgraciadamente, el especialista le recomendó la misma operación.

Entonces el hombre se acordó del sheik sufí que había sido el consejero espiritual de la familia durante años y que tenía fama de tener poderes curativos. El sheik le dijo:

-Sí, sé como puedes curar tu mal, pero tienes que hacer exactamente lo que te diga. Mañana coge un avión y vete a San Francisco. Toma un taxi para ir al Hotel St. Francisco, sube a la habitación 301, gira a tu izquierda y las cosas se resolverán.

Por la reputación del sheik y también porque hubiera hecho cualquier cosa para que no le cortasen la garganta, nuestro hombre cogió un avión con destino a San Francisco. Se sentía terriblemente incómodo con el arroz atascado en la garganta. Le resultaba difícil respirar y apenas podía tragar un poco de agua de vez en cuando.

Una vez en San Francisco, el hombre se fue de inmediato al Hotel St. Francisco y subió a la habitación 301. Hasta aquí todo iba bien. Por lo menos el hotel y la habitación que el sheik había especificado estaban allí. Llamó a la puerta, que estaba entornada, y esta se abrió un poco. Al asomarse, vio un hombre dormido en la cama, roncando suavemente. De pronto el hombre rico estornudó. Con aquel estornudo, el arroz fue expulsado de su boca y fue a parar a la boca del hombre que dormía, quien lo tragó automáticamente, mientras se despertaba.

Tras despertarse, el huésped del hotel exclamó en turco:

-¿Qué sucede? ¿Quién es usted?.

Maravillado al encontrarse un compatriota en San Francisco, el hombre rico le contó toda la historia. Ambos estaban asombrados por lo que había ocurrido. Al fin, resultó que el desconocido no solo era de Estambul, sino que también vivía en el mismo barrio que el hombre rico.

Cuando volvió a casa, nuestro hombre fue inmediatamente a visitar al sheik. Este le explicó que el arroz que había tratado de comer no estaba destinado para él, sino para la persona que finalmente lo había tragado. Por eso se había quedado atascado en su garganta, porque aquel arroz no formaba parte de su destino. La única solución era hacerlo llegar a la persona para la que realmente estaba destinado.

Al fin, el sheik recalcó con gran énfasis:

-Recuerda, cualquier cosa que esté destinada para ti te llegará. Y cualquier cosa que esté destinada para otros forzosamente les llegará también.

El hombre rico regresó a su casa y pensó largamente sobre su experiencia y sobre lo que el sheik había dicho. A la mañana siguiente, ordenó que abrieran sus almacenes y que distribuyeran todo el arroz entre los pobres de Estambul.

Lo que está destinado para ti, y esto incluye tanto beneficios materiales como espirituales, tiene necesariamente que llegarte. Puede que tenga que recorrer todo el camino desde Estambul a San Francisco, o incluso dar un rodeo más amplio, pero te llegará.

miércoles, septiembre 27, 2006

La frase del día

Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán; los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen. Johann Wolfgang Goethe

Amigos

Una reflexión anónima, dedicada a todos mis amigos.

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.


Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras a penas vemos entre un paso y otro.


A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.


Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.


El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá nos muestra lo que es la vida.


Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.


Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.


Mas el destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que iban a cruzarse en nuestro camino.


A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón. Son sinceros, son verdaderos. Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.


Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado. Ése da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.


Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca.


Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes, aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.


El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones. Pero lo que nos hace más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

"Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad".

Hoy y siempre... Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada.

Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

martes, septiembre 26, 2006

Mi frase

Nunca mires un problema con una lupa, ya que ésta te mostrará siempre el problema magnificado. Rafael Hernampérez

La frase del día

El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede. Jorge Bucay

Yo aprendí

A veces, las mejores lecciones vienen de alguien desconocido. Muchas gracias, Rocío, de Alcobendas, por enviarme esta preciosa reflexión.

Yo aprendí ...
Que no puedo exigir el amor de nadie.
Apenas puedo dar buenas razones para que gusten de mí,
y tener paciencia para que la vida haga el resto;

Yo aprendí
que a pesar de que ciertas cosas puedan ser importantes para mí,
hay personas a quienes no le interesan,
y jamás conseguiré convencerlas;

Yo aprendí
que puedo pasar años construyendo una verdad,
y que puedo destruirla en apenas unos segundos.

Yo aprendí
que puedo usar mi seducción durante unos quince minutos,
pasados los cuales tengo que saber de qué estoy hablando;

Yo aprendí
que puedo hacer algo en un minuto
y tener que responder por ello el resto de mi vida;

Yo aprendí
que así como por más que un pan se corte en rebanadas,
este pan continúa teniendo dos caras,
lo mismo se aplica para todo lo que cortamos de nuestro camino.

Yo aprendí
que tardaré mucho en transformarme en la persona que quiero ser,
y debo tener paciencia;

Yo aprendí
que puedo ultrapasar los límites que yo mismo me coloqué;

Yo aprendí
que tengo que escoger entre controlar mi pensamiento
o ser controlado por él.

Yo aprendí
que los héroes son personas que hacen
lo que creen que deben hacer en un determinado momento,
independientemente del miedo que sientan;

Yo aprendí
que perdonar exige mucha práctica;
que hay mucha gente que me aprecia pero que no consigue expresarlo.

Yo aprendí
que en los momentos más difíciles, la ayuda vino justamente de
aquella persona que yo pensaba que iba a intentar perjudicarme;

Yo aprendí
que puedo estar furioso, pues tengo el derecho de irritarme,
pero no tengo el derecho a ser cruel;

Yo aprendí
que jamás puedo decir a un niño que sus sueños son imposibles.
Será una tragedia para el mundo si consigo convencerlo de eso.

Yo aprendí
que mi mejor amigo me hará daño de vez en cuando,
y tengo que acostumbrarme a ello;

Yo aprendí
que no es suficiente ser perdonado por los otros;
yo aprendí que tengo que perdonarme yo primero;

yo aprendí que no importa cuánto esté sufriendo mi corazón,
el mundo no se detendrá solo por causa de eso.

Yo aprendí
que las circunstancias de mi infancia son responsables por lo que soy,
pero no por los caminos que elegí siendo adulto;

Yo aprendí
que en una pelea, tengo que decidir de qué lado estoy,
aun cuando no quiera verme envuelto en ella;

Yo aprendí
que cuando dos personas discuten no quiere decir que se odien.
Y cuando dos personas no discuten no significa que se amen.

Yo aprendí
que por más que quiera proteger a mis hijos,
ellos sufrirán y yo también sufriré,
pues eso forma parte de la vida;

Yo aprendí
que mi existencia puede cambiar para siempre en pocas horas
por causa de personas desconocidas;

Yo aprendí
que los diplomas en la pared no me hacen
ni más respetable ni más sabio que los demás.

Yo aprendí
que la palabra "amor" pierde su sentido cuando es usada sin criterio;

Yo aprendí
que ciertas personas se van para siempre pase lo que pase;

Yo aprendí
que es difícil trazar una línea entre ser amable,
no herir a las personas,
y saber luchar por las cosas en las que creo.

¿Y tú, qué aprendiste?

lunes, septiembre 25, 2006

Mi frase

Nadie te estimará más que tú. Nadie te querrá más que tú. Tú dispones del mínimo de amor que puede llenar tu vida. Rafael Hernampérez

La frase del día

Yo podría ser el último paria de mi reino, un leproso abandonado por todos, sin recuerdo y sin esperanza de goce alguno, y aún así quisiera vivir. Jacinto Benavente

Dios está contigo

He aquí una canción cherokee, que me hace reflexionar sobre todo lo que acontece en todo momento, aquí y ahora. En realidad, somos ciegos y sordos, tanto de mente como de alma.

Un hombre susurró: "Dios, habla conmigo".
Y un ruiseñor comenzó a cantar...
Pero el hombre no oyó.

¡Entonces el hombre repitió:
"Dios, habla conmigo!"
Y el eco de un trueno, se oyó...
Mas el hombre fue incapaz de oír.

El hombre miró en derredor y dijo:
"¡Dios, déjame verte!"
Y una estrella brilló en el cielo...
Pero el hombre no la vio.

El hombre comenzó a gritar:
"¡Dios, muéstrame un milagro!"
Y un niño nació...
Mas el hombre no sintió el latir de la vida.

Entonces el hombre comenzó
a llorar y a desesperarse:
"¡Dios, tócame y déjame saber
que estás aquí conmigo...! "
Y una mariposa se posó
suavemente en su hombro...

El hombre espantó la mariposa con la mano y,
desilusionado, continuó su camino,
triste, sólo y con miedo.


En todo momento se están produciendo milagros que somos incapaces de percibir por cerrar los ojos del alma.

domingo, septiembre 24, 2006

La frase del día

La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo; el ensayo de un camino, el boceto de un sendero. Hermann Hesse

Nunca nacido

Me encanta este cuento sufí. Espero que también os guste.

Mientras estaba en la India, Nasrudín visitó un cementerio enorme. Deteniéndose delante de una elaborada tumba, leyó:

- "Aquí yace el mayor gobernante que este país conoció nunca. Condujo a sus ejércitos a la batalla contra las fuerzas enemigas. Construyó escuelas y alojamientos para los pobres. Su valor y caridad le convirtieron en leyenda ya durante su vida. Este noble gobernante murió a los cinco años de edad".

Nasrudín preguntó al encargado del cementerio:

- ¿Cómo pudo un gobernador lograr tanto en tan poco tiempo?

El encargado le respondió:

- El sultán llegó al trono a los veinte años de edad, y gobernó durante sesenta años. En su lecho de muerte, declaró: "He pasado siete años estudiando, ocho en la guerra y sesenta preocupado por los asuntos de Estado. En total he vivido cinco años de mi vida. Ésta es la edad que quiero que se recuerde en mi lápida mortuoria".

- Si es así como aquí se considera la edad - dijo Nasrudín - por favor, mira que en mi epitafio aparezcan estas palabras: "Aquí yace Nasrudín, ¡un hombre que nunca nació!".

sábado, septiembre 23, 2006

La frase del día

No vemos las cosas como son: vemos las cosas como somos nosotros. Antonio Blay Fontcuberta

La carreta vacía

Este relato es profundo y dice mucho de la naturaleza humana.

Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

-Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?

Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

-Estoy escuchando el ruido de una carreta.

-Eso es -dijo mi padre-, es una carreta vacía.

Pregunté a mi padre: -¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aún no la vemos?

Entonces mi padre respondió:

-Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto, y ahora, cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y haciendo de menos a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo que cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.

La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas. Nadie está más vacío que aquel que está lleno de sí mismo.

viernes, septiembre 22, 2006

La frase del día

Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe, sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo, pero su recuerdo, a veces, nunca se borra. Anónimo

jueves, septiembre 21, 2006

Descárgate el libro "El Rincón de la Felicidad"

Ya puedes descargarte el libro "El Rincón de la Felicidad: un remanso de paz para tu corazón". En él encontrarás todo lo publicado en el blog "El Rincón de la Felicidad": ensayos, relatos, cuentos, reflexiones y frases célebres. 100 páginas de sabiduría y reflexión totalmente gratuitas, y que puedes copiar, imprimir o utilizar en tus obras, ya que está bajo el amparo del Copyleft, y bajo la licencia Free Art License.

Sólo espero, amigo lector, que este libro que en tus manos reposa sirva de guía y de brújula en tu andar por la vida, y que en sus páginas encuentres un remanso de paz y de reflexión para tu noble y agotado corazón.

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La frase del día

La muerte es una quimera, porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo. Epicuro de Samos

El camino del sacrificio

Un cuento sufí con una interesante moraleja:

-Estoy dispuesto a dejar todo -dijo el príncipe al maestro–, por favor acépteme como discípulo.

-¿Cómo elige un hombre su camino? -preguntó el maestro.

-A través del sacrificio - respondió al príncipe- Un camino que exige sacrificio es un camino verdadero.

El maestro tropezó con una estantería. Un jarrón valiosísimo se cayó y el príncipe se arrojó al suelo para agarrarlo. Cayó en mala posición y se rompió el brazo, pero consiguió salvar el jarrón.

-¿Cuál es el mayor sacrificio, ver estrellarse el jarrón o romperse el brazo para salvarlo? -preguntó el maestro.

-No sé -respondió el príncipe.

-Entonces, ¿cómo quieres orientar tu elección hacia el sacrificio? El verdadero camino es elegido por nuestra capacidad de amarlo, no de sufrir por él.

miércoles, septiembre 20, 2006

La frase del día

El día de tu muerte sucederá que lo que tú posees en este mundo pasará a manos de otra persona. Pero lo que tú eres será tuyo por siempre. Henry Van Dyke

martes, septiembre 19, 2006

La frase del día

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos. William Shakespeare

El jardín de la vida

Un relato anónimo con un sabio final:

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: no sabía quién era.

Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano:

-Si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. ¿Ves qué fácil es?

-No lo escuches -exigía el rosal-, es más sencillo tener rosas y, ¿ves que bellas son?

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.

Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:

-No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: no dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas... Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.

Y dicho esto, el búho desapareció.

-¿Mi voz interior... ? ¿Ser yo mismo... ? ¿Conocerme... ? -se preguntaba el árbol desesperado-.

De pronto, comprendió... Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:

-Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje... Tienes una misión. Cúmplela.

Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Yo me pregunto al ver a mi alrededor, ¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer? ¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas? ¿Cuántos manzanos que no saben florecer? En la vida todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar.

lunes, septiembre 18, 2006

domingo, septiembre 17, 2006

Mi frase

En un instante puede transcurrir toda una vida, del mismo modo que en toda una vida puede transcurrir un sólo instante. Rafael Hernampérez

sábado, septiembre 16, 2006

La autopista


Son las siete de la mañana de un sábado cualquiera. He tenido una semana de trabajo muy intensa, en la que apenas he podido dormir un poco, y donde he tenido, sin poder evitarlo, que traerme el trabajo a casa.

Acabo de despertarme de un sueño. Podía haber vuelto a cerrar los ojos y dormir un poco más, disfrutando de ese merecido descanso. Pero algo de ese sueño me ha puesto eufórico, y me ha revelado algo muy importante.

Conducía mi coche a una gran velocidad por una autopista interminable. Mi mujer y mi hija pequeña iban en el asiento trasero. Muchas veces me hablaban, pero la música de la radio o mi concentración al volante me impedían escucharlas, a pesar de oír lejanamente su voz.

A veces, algún amigo se sentaba junto a mi asiento, y disfrutábamos contando alguna historia o de alguna interesante conversación, sin detener el coche.

Otras veces, estaba yo solo en mi coche, en mitad de un atasco en la autopista, concentrándome en mis problemas. Muchos de estos atascos eran debidos a accidentes de otros conductores. La mayoría de estos accidentes eran golpes tontos, pero que ocasionaban muchos problemas de circulación, y todos los conductores los veíamos como molestias, pasando por delante, a veces sin prestarles atención, y otras maldiciéndoles.

Otros accidentes eran trágicos y sobrecogedores, con un final grave o mortal para los ocupantes del vehículo. La mayor parte de las veces pasaba de largo, mirando con curiosidad o con un hilo de pena muy pequeña por aquellos desgraciados. A los pocos metros de sobrepasar el lugar del accidente ya no había atasco, por lo que empezaba a aumentar drásticamente mi velocidad nuevamente, olvidándome del reciente accidente, de sus víctimas y de la causa que lo provocó.

Un día tuve que salir de la autopista para repostar gasolina, y descubrí que era una carretera comarcal, llena de curvas. Conducía más despacio, admirando un paisaje bello e indómito. Bajé las ventanillas. Sentí el aire puro entrar en mi viciado y maloliente coche. Olía a eucalipto y a pino. Apagué la radio. El canto de los pájaros y de las cigarras eran música celestial. Ahora podía oír y escuchar nítidamente a mis pasajeros. Reduje aún más la marcha de mi coche.

Llegué a una gasolinera situada en un pequeño pueblo en lo alto de una montaña. Reposté. Pero en lugar de dejar inmediatamente la gasolinera, aparqué en un lugar libre de la misma. Salimos todos del coche, estirando las piernas. Allí había un mirador, desde el cual se podía contemplar un hermoso cuadro: un increíble valle rodeado por varias montañas, cubierto por un verde manto de árboles que impedían ver el suelo del que se alzaban. Un río cruzaba aquel precioso valle, reflejando en sus cristalinas aguas el azul del cielo y el verde las hojas. En algunos puntos del paisaje se podían ver algunas aldeas, como extrañas curiosidades de algo puesto a capricho en un lugar que no les corresponde. Una ardilla bajó de un árbol, y corriendo sobre la repisa del mirador recogió algo del suelo, y subió a otro árbol, mirándonos con curiosidad.

Sentí una paz interior indescriptible. Mi espíritu se sentía muy liviano, como si hubiese tenido que soportar una carga pesadísima y axfisiante durante mucho tiempo y, de repente, esa carga ya no existiera. Podía respirar mucho mejor, un aire fresco y puro, que inundaba mis pulmones y se distribuía fresco, a través de todas mis venas, por el resto de mi cuerpo. Todas mis preocupaciones y mis problemas desaparecieron de repente, liberando mi atormentada mente y, con ésta, consecuentemente, liberando también mi atormentada alma.

Allí estaba mi familia y todos mis amigos. Disfrutábamos de aquel remanso de paz en aquel lugar que siempre había estado allí, pero que estaba olvidado por todos.

Disfruté de aquella paz durante un buen rato, sin prisas, sin reloj, sin importarme lo que después aconteciera a pesar de mi apretada agenda, la cual prefería olvidar. Quería estar otro rato más, cargando mis pilas con aquella energía revitalizante. Pero debía continuar el viaje, cosa que me entristeció bastante.

Me dirigí a mi coche. Pero esta vez me di cuenta de que mi coche era diferente. Me detuve para observarlo e intentar descubrir qué era lo que había pasado por alto. Era el mismo coche, pero algo tenía diferente. O quizá lo diferente era yo y no era capaz de saber qué.

Entonces lo descubrí y me increpé a mí mismo por mi estupidez, y por no haberme dado cuenta durante tanto tiempo: mi coche era, en realidad, mi propia vida.

Conducimos nuestro coche, nuestra vida, a gran velocidad y sin control por una autopista, expuestos, constantemente, a graves accidentes. En esa autopista se concentran numerosas vidas que, como la nuestra, viajan muy deprisa, y a las que vemos como simples puntos de referencia a las que hay que adelantar o a las que vemos perderse en nuestro espejo retrovisor o delante de nosotros. Esas vidas van en nuestro mismo sentido, y, tarde o temprano, tomarán distintas direcciones, por mucho que nos empeñemos en acompañarlas, porque su punto de destino es diferente. Es muy posible que nunca más volvamos a ver a esa vida, aunque también es posible volver a encontrarlas en el lugar y en el momento más inesperados.

Conducimos nuestra vida por la autopista, el lugar más rápido y cómodo, el camino que elige la mayoría. Y en esa conducción no prestamos más atención que a nuestro volante y al pedazo de carretera que abarcamos a apenas pocos metros y a gran velocidad, olvidándonos por completo de nuestros pasajeros y de que existen otras vidas conduciendo por nuestra misma autopista, vidas tan interesantes o más que nuestra propia vida. Vidas con un pasado, un presente y un futuro. Vidas que a veces se quedan averiadas y que necesitan de una reparación. Vidas que se quedan paradas en la cuneta de esa autovía, desesperadas porque nadie se detiene para ayudarlas, aunque sea con un poco de compañía para pasar el miedo y la frustración, de no sentirse solos ahí tirados en la cuneta, mientras el resto de vidas pasan a gran velocidad sin prestarles un poco de atención. Vidas que se dan cuenta que cualquier vida, incluida la suya misma, puede averiarse o sufrir un accidente, que es vulnerable en cualquier momento y en cualquier lugar. Vidas que se asustan al ver pasar a velocidades meteóricas a otras vidas que sólo están apoyadas en el suelo por cuatro puntos apenas superiores al tamaño de un puño, y que de milagro se mantienen unidos al suelo.

Y en esa rapidez y comodidad, olvidamos que existen más cosas aparte de esa autopista cargada de carriles y grandes rectas, cuyas curvas apenas se aprecian. Existen muchos más lugares más allá de las cunetas y de sus márgenes. Y en esos “extraños” lugares existen otras personas y otras cosas interesantes e importantes, y nuestra naturaleza está, precisamente, ligada a esos lugares, y que cuando llegamos a esos lugares, nuestra vida se identifica inmediatamente y se empatiza con esa paz y esa energía positiva que esos lugares ofrecen.

La calidad de nuestra vida depende de estos lugares pacíficos que nos unen a un ente superior que es la Naturaleza, de la cual somos parte. Es en la quietud donde encontraremos la paz que necesitamos para continuar nuestro camino reduciendo los riesgos y los peligros. Es necesario detenernos cada día en esas gasolineras y repostar nuestro vehículo “vida” con la paz del lugar, con esa energía natural que mantendrá a nuestro vehículo “vida” sano, fuerte y preparado.

Las autopistas apartan, aíslan y alejan pueblos, gentes y lugares naturales. Las autopistas son las vías más rápidas para llegar a ciertos lugares, pero a la vez son las más inhumanas, antinaturales, peligrosas y lentas para alcanzar nuestro verdadero destino final: la felicidad y la paz internas.

Hubo una vida que en su día me dijo: “más vale perder un minuto en la vida, que perder la vida en un minuto”.


Rafael Hernampérez

viernes, septiembre 15, 2006

La frase del día

No sé cuál es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo. Bill Cosby

Donación de sangre

Este anónimo relato es bastante conmovedor.

Esta historia trata de una niña que sufría de una extraña enfermedad. Su única oportunidad de recuperación aparentemente era una transfusión de sangre de su hermanito de 5 años, quien había sobrevivido milagrosamente a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos necesarios para combatirla.

El médico explicó la situación al hermano de la niña, y le preguntó si estaría dispuesto a dar su sangre a su hermana. Tras dudar un momento dió un gran suspiro y dijo:

-Si, lo haré, si eso salva a mi hermana.

Mientras la transfusión continuaba, él estaba acostado en una cama al lado de la de su hermana, y sonreía mientras el médico los vigilaba, viendo retornar el color a las mejillas de la niña.

Pero al rato la cara del niño se puso pálida y su sonrisa desapareció. Miró al médico y le preguntó con voz temblorosa

-¿A qué hora empezaré a morirme?

Siendo solo un niño, no había comprendido al médico, pensaba que le daría toda su sangre a su hermana... ¡Y aún así se la daba!

Da todo por quien ames. Actitud, después de todo, es todo.

jueves, septiembre 14, 2006

La frase del día

Procuremos más ser padres de nuestro futuro que hijos de nuestro pasado. Miguel de Unamuno

El samurai y el monje

Este cuento anónimo tiene una moraleja muy profunda, que todos deberíamos aprender.

Un joven guerrero, conocido por todos por su nobleza y honestidad, fue a visitar a un shaij (maestro espiritual) en busca de consejos.

Cuando entró en la mezquita donde el maestro realizaba el salat (postración del musulmán cinco veces al día), se sintió inferior y pensó que a pesar de haber pasado toda su vida luchando por la justicia y la paz, no se había acercado al estado de gracia del hombre que tenía frente a él.


-¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? -preguntó al maestro-, me enfrenté muchas veces con la muerte y defendí a los más débiles, no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía la menor importancia.

-Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta -dijo el sheij-.

Durante todo el día el joven guerrero se quedó sentado en el jardín de la mezquita. Las personas entraban y salían en busca de consejos y el sheij (maestro) atendía a todos con la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro. El estado de ánimo del guerrero iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para esperar.

Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió:

-¿Ahora podrá usted enseñarme?

El shaij (maestro) lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad.

-¿Ves esta luna qué bonita es?, cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Solo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje que tenemos a delante: nubes, árboles, montañas. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir: "¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol?, ¿es que quizás soy inferior a él?"

Claro que no -respondió el guerrero-, la luna y el sol son dos cosas diferentes, cada uno tiene su propia belleza. No se pueden comparar.

-Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a este mundo mejor; el resto son solo apariencias.

miércoles, septiembre 13, 2006

La frase del día

El que teme sufrir, ya sufre el temor. Proverbio Chino

El error

Una reflexión anónima que me ha llegado por correo, que me ha dado qué pensar.

El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.

No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.

No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta; se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.

No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que por temor a equivocarse no actúa.

No se equivoca el pájaro que ensayando el primer vuelo cae al suelo, se equivoca aquel que por temor a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido.

Se equivocan aquellos que no aceptan que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día, sin encontrarse nunca plenamente. Al final del camino no te premiarán por lo que encuentres, sino por aquello que hayas buscado honestamente.

martes, septiembre 12, 2006

La frase del día

El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe. Diógenes

La frase del día

La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual. Miguel de Unamuno

La paz perfecta

Este relato anónimo tiene una moraleja que me encanta.

Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El Rey admiró y observó todas las pinturas, pero sólo hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo, era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta pintura pensaron que ésta expresaba la paz perfecta.

La segunda pintura, también tenía montañas, pero éstas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual brotaba un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo aparecía el retumbar de un espumoso torrente de agua. Todo ésto no expresaba nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vió tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí en el rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de su nido... Paz perfecta.

El Rey escogió la segunda. Y explicó a sus súbditos el porqué: Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro ni dolor. Paz significa que a pesar de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón . Este es el verdadero significado de la paz. Cuando encontremos la paz en nuestro interior, tendremos equilibrio en la vida.

lunes, septiembre 11, 2006

La frase del día

Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte. Leonardo DaVinci

El bambú japonés

He aquí una curiosa reflexión anónima, en la que todos podemos ser ese bambú japonés, y que es necesario recordar de vez en cuando y no torturarnos por querer conseguir ya nuestro objetivo. Todo requiere de una preparación y de unas circunstancias.


Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo convierte en no apto para impacientes. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable; en realidad no pasa nada durante los siguientes siete años, a tal punto que un cultivador inexperto pensaría que las semillas eran infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año en un período de tan solo seis semanas la planta de bambú crece hasta treinta metros.

¿Tardó solo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante esos siete años de aparente inactividad el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

domingo, septiembre 10, 2006

sábado, septiembre 09, 2006

Descárgate el libro "El Rincón de la Felicidad"

Ya puedes descargarte el libro "El Rincón de la Felicidad: un remanso de paz para tu corazón". En él encontrarás todo lo publicado en el blog "El Rincón de la Felicidad": ensayos, relatos, cuentos, reflexiones y frases célebres. 100 páginas de sabiduría y reflexión totalmente gratuitas, y que puedes copiar, imprimir o utilizar en tus obras, ya que está bajo el amparo del Copyleft, y bajo la licencia Free Art License.

Sólo espero, amigo lector, que este libro que en tus manos reposa sirva de guía y de brújula en tu andar por la vida, y que en sus páginas encuentres un remanso de paz y de reflexión para tu noble y agotado corazón.

Descarga del libro en formato electrónico (necesitarás un descompresor ZIP) disponible en:

Formato Microsoft Word

Formato PDF

La frase del día

No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Escoger un camino significaba abandonar otros. Paulo Coelho

Los obstáculos en el camino

He aquí un cuento anónimo con una moraleja muy importante.

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca en medio de un camino, obstaculizando el paso a todo el mundo. Se escondió con el fin de observar si alguien quitaba aquella molesta roca.

Algunos de los comerciantes más adinerados del rey y cortesanos vinieron y simplemente rodearon la roca. La mayoría culpó al rey por no despejar los caminos, pero ninguno hizo nada para quitar la roca del camino.

Pero hubo un campesino que llevaba una carga de su cosecha. Al aproximarse a la roca, el campesino puso
su carga en la cuneta y trató de mover la roca a un lado del camino. Al final lo consiguió, después de empujar y fatigarse mucho. Mientras recogía su carga se percató de que había una saca justo donde había estado la roca. La saca estaba repleta de monedas de oro, con una nota del rey indicando que el oro era para la persona que apartara la piedra del camino.

El campesino aprendió lo que los otros nunca entendieron: cada obstáculo presenta una oportunidad para mejorar la condición de uno.

SI ALGUNA VEZ CAES, LEVANTATE Y SIGUE ADELANTE.


LEVANTATE SETENTA Y SIETE VECES SIETE (JESUCRISTO)

viernes, septiembre 08, 2006

La frase del día

Deberíamos usar el pasado como trampolín, no como sofá. Harold MacMillan

El náufrago

He aquí otro cuento sufí, que ilustra como ninguno que las tragedias pueden ser salvaciones.

El único sobreviviente de un naufragio llegó a una desabitada isla. Pidió fervientemente a Allah ser rescatado y cada día divisaba el horizonte en busca de una ayuda que no llegaba. Cansado optó por construirse una cabaña de madera para protegerse de los elementos y guardar sus pocas pertenencias. Entonces un día, tras merodear por la isla, en busca de alimento regresó a la cabaña para encontrarla envuelta en llamas con una gran columna de humo levantándose hacia el cielo. Lo peor había ocurrido; lo había perdido todo y se encontraba en un estado de desesperación y rabia.

-¡Oh Allah!, ¿cómo puedes hacerme esto?, -se lamentaba.

Sin embargo al amanecer del día siguiente se despertó con el sonido de un barco que se acercaba a la isla. Habían venido a salvarlo.

-¿Cómo supieron que estaba aquí?, -preguntó el cansado hombre a sus salvadores.

-Vimos su señal de humo, -contestaron ellos.

Es muy fácil descorazonarse cuando las cosas marchan mal. Recuerda que cuando tu cabaña se vuelva humo, puede ser la señal de que la ayuda está en camino.

jueves, septiembre 07, 2006

La frase del día

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante. Oscar Wilde

El ratón con miedo

Este cuento anónimo me ha hecho reflexionar un poco. Siempre creemos que la felicidad la encontraremos siendo otro, cuando en realidad la encontraremos aceptando las cosas, adaptándonos a ellas, cambiando nosotros en nuestro interior, cambiando el "chip". Espero que os guste.

Había una vez un ratón que vivía con ataques de pánico en la casa de un viejo gato.

El ratón cada vez que veía al felino, se espeluznaba y tembloroso huía despavorido a la ratonera, hasta que en cierta ocasión, un mago que estuvo de visita se compadeció de él y le concedió el favor, no de quitarle el miedo pero, por lo menos de convertirlo en un animal más fuerte, y más poderoso.

En estos arreglos, el mago hizo del ratón temeroso, un gato joven y fuerte.

Pero, a las pocas horas de la visita del mago a aquella casa, apareció el recién convertido gato lleno de pavor, quejándose de miedos porque en el jardín había visto a un perro, el mago volvió a compadecerse de él y lo reconvirtió en perro agresivo.

Y el remedio volvió a fracasar, porque antes de la noche entró el perro corriendo, buscando amparo, ya que en el bosque se había topado con una pantera.

El mago, desesperado por las fallas de las conversiones anteriores, habló seriamente con aquel animal, y le advirtió que era el último abracadabra que gastaría en las transmutaciones genéticas del animal, y lo convirtió en pantera.

Sin embargo, como era de esperarse, la pantera, regresó de su primer aventura por las profundidades del bosque, trémula y jadeante por los efectos del pánico… -es que me encontré a un cazador, buscando panteras!, dijo en son de queja.

El mago furioso, le respondió: “Mira, contigo es inútil todo cambio porque si te convierto en cazador, vendrás llorando de miedo, a la primera enfermedad de tu hijo y tan pronto tengas un conflicto con la esposa. Por lo mismo, te regresaré al estado de ratón miedoso como te conocí…”.

Es cierto, de poco o nada sirven los cambios de estado social, económico, religioso, y familiar para tratar de matar las serpientes del miedo y la cobardía. El miedo no existe fuera de la piel, sino enredado en el centro del alma. La solución consiste en cambiar de corazón, más que cambiar de padres o de esposo.

miércoles, septiembre 06, 2006

La frase del día

No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir. Khalil Gibran

Cómo conseguir lo que quieres

He aquí un cuento sufí con una moraleja peculiar.

Un joven fue a ver a un sabio maestro y le preguntó:

-Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?.

El sabio no contestó. El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:

-¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le dijo:

-Ven conmigo.

Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo. Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento. Entonces preguntó el sabio:

-Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?

Sin vacilar contestó el joven:

-Aire, quería aire.

-¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

–No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.

-Entonces -contestó el sabio-, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demás. Debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda lo que quieres.

martes, septiembre 05, 2006

La frase del día

La vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de ser vivida mirando hacia adelante. Sören Aabye Kierkegaard

La carrera de sapos

He aquí un sencillo y corto cuento sufí que cuenta una historia que estoy harto de escuchar, y, sin embargo, siempre se cumple. A aquellos que le gusten el cuento, les recomiendo investigar sobre el efecto "pigmalión", y cómo se aplica en la educación de los niños, el deporte y la empresa.

Érase una vez una carrera de sapos en el país de los sapos. El objetivo consistía en llegar a lo alto de una gran torre que se encontraba en aquel lugar. Todo estaba preparado y una gran multitud se reunió para vibrar y gritar por todos los participantes. En su momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar. Pero como la multitud no creía que nadie llegara a la cima de aquella torre pues ciertamente, era muy alta, todo lo que se escuchaba era: “no lo van a conseguir”, qué lástima, está muy alto, es muy difícil, no lo van a conseguir”. Así la mayoría de los sapitos empezaron a desistir. Pero había uno que persistía, pese a todo, y continuaba subiendo en busca de la cima.

La multitud continuaba gritando: “es muy difícil, no lo van a conseguir”, y todos los sapitos se estaban dando por vencidos, excepto uno que seguía y seguía tranquilo cada vez con más fuerza. Finalmente fue el único que llegó a la cima con todo su esfuerzo. Cuando fue proclamado vencedor muchos fueron a hablar con él y a preguntarle como había conseguido llegar al final y alcanzar semejante proeza. Cual sería le sorpresa de todos los presentes al darse cuenta que este sapito era sordo.

Sé siempre sordo cuando alguien duda de tus sueños.

domingo, septiembre 03, 2006

El corazón más hermoso

He aquí un emotivo relato anónimo que me recuerda cuán hermoso puede ser un corazón humilde y sincero.

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas ni rasguños. Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.

Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.

De pronto un anciano se acercó y dijo:

- ¿Porqué dices eso, si tu corazón no es ni tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío?

Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogió "¿Cómo puede él decir que su corazón es más hermoso?", pensaron ...

El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír.

- Debes estar bromeando- dijo - Compara tu corazón con el mío... el mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.

- Es cierto - dijo el anciano - tu corazón luce perfecto, pero mira: cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido. Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos. Dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día, quizás, regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón. ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?

El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció. El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección. Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.

El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

La frase del día

No pienso nunca en el futuro porque llega muy pronto. Albert Einstein

Mi frase

Que tu pasado sea el depósito de tu sabiduría y tu guía; que tu presente sea tu ocupación y tu andar; y que tu futuro sea el destino de tus pasos y de tus sueños. Rafael Hernampérez

viernes, septiembre 01, 2006

Dulces vacaciones

Durante esta semana he estado disfrutando de un merecido descanso, tras casi dos años sin vacaciones, por lo que espero que mis lectores sepan perdonarme por no haber añadido contenidos a esta humilde bitácora.

He estado en Murcia visitando a Esperanza y a sus padres, quienes, amablemente, me invitaron a pasar unos días inolvidables en la serranía de Murcia, en Murcia capital y en las playas alicantinas de La Torre de la Horadada. Como anfitriones debo añadir, que es imposible encontrarlos mejores, y que la hospitalidad y la amistad con la que fuimos obsequiados deberían ser mencionados en los libros de enseñanza. Chapeau!!!

Durante estos días he aprovechado el tiempo para descansar y para cultivar mi felicidad en el día a día.

Algunos días me he levantado a las 7 de la mañana, para ir a hacer footing por las playas, escuchando la música celestial de las olas abrazando las orillas, fundiéndose con mi espíritu. Mientras corría, el alba me daba la bienvenida en el horizonte, alzando el sol sobre el mar y calentando mi cuerpo con su luz. Ver el amanecer es una sensación especial de felicidad, en el que el mundo y yo somos uno, y es una señal inequívoca de un día en perspectiva, en el que se pueden hacer grandes cosas. No sé. A lo mejor soy un romántico, y que estas pequeñas cosas quizás no signifiquen nada. Pero para mí, un amanecer es una nueva oportunidad para vivir y aprovechar la vida.

He aprovechado también para ejercer como padre, paseando a mi hija por las playas, enseñarle cosas sobre el mar, sobre los barcos, los puertos, los diques, las playas, y un sin fin de cosas más. También la he enseñado a hacer fotografías con mi teléfono móvil, y la verdad es que se le da muy bien. Estoy pensando en comprarme una nueva cámara de fotos digital y regalarle la actual.

Ni qué decir tiene que otras cosas me han hecho muy feliz, como aprovechar más el tiempo en familia, salir más tiempo juntos, bañarnos en la playa, enseñar a nadar a la peque, descubrir nuevos sabores de helados artesanos, descubrir lugares dentro de este pueblo tan tranquilo y acogedor que es la Torre de la Horadada, donde teníamos playa de sobra sin tumultos ni congestiones, donde el turismo no está tan masificado y sus gentes te saludan con una sonrisa en la cara.

Una tarde fui con mi familia a Murcia capital a pasar una tarde entrañable con Esperanza, quien nos enseñó el casco antiguo de la ciudad, con sus estrechas calles, su increíble catedral, y sus populares centros comerciales (omito nombres y marcas, ya que no me pagan por ello). Después estuvimos un rato con su madre y con su abuela, charlando toda la tarde mientras degustábamos té inglés y cafés en una cafetería muy acogedora junto a su casa.

Después de cuatro días abusando de la hospitalidad de esta entrañable familia murciana, pusimos rumbo a Benidorm, donde pasamos el día en Terra Mítica, un parque temático bastante bien ambientado en Egipto, Roma, Grecia, Iberia, Alejandría y Creta. Nos divertimos mucho en las atracciones y con los espectáculos. Lo único que he de criticar es la escasez de lugares de sombra, y que ese día superábamos los 42 grados centígrados. Toda una proeza de autosuperación en el ejercicio físico en situaciones extremas.

Mis vacaciones aún no han terminado, pues aún me queda otra semanita por delante. Comentaros que estoy volviendo a escribir aquel cuento que empecé. A ver si antes de volver al trabajo consigo terminarlo.

Ahí os dejo unas cuantas fotos de mis aventuras vacacionales.